Principios Siglo XX (años 1901-1917)

Información general

Título

Principios Siglo XX (años 1901-1917)

Código

EPO0002

Descripción

Época de moda de principios del Siglo XX, entre los años 1901 y 1917.

Información de contexto

Características

En el año 1901 fallece la reina Victoria de Inglaterra, y los príncipes de Gales son proclamados Reyes de Inglaterra. Termina la era Victoriana y comienza un nuevo siglo cargado de esperanza que anuncia otros valores. La “Belle Epoque” es un periodo de ostentación y de extravagancia que se caracteriza por el espíritu alegre de la gente ante la nueva centuria. Estos tiempos se recordarán como «los últimos buenos momentos que disfrutaron las clases altas». Con un Rey que acogía famosos y millonarios junto a la nobleza, la vida social era «extraña y maravillosa» en palabras del Duque de Westminster. Todo lo que el dinero podía conseguir se ponía al servicio de la diversión y de la moda. «Diners Parties», excursiones al campo, idas y venidas entre París y Londres, contribuyeron a crear la moda más extravagante, lujosa y cara de todo el siglo XX. Los diseñadores de primera línea, como Charles Frederick Worth o Jacques Doucet, fieles a la sensibilidad del modernismo, buscaban alcanzar la máxima belleza mediante una espectacular combinación de elegancia y opulencia.

La Reina Alejandra apareció en el baile de su coronación, en 1901, con un vestido ligero y de suaves colores, que enseguida todas las mujeres iban a copiar. Blanco, malva pálido, crema, rosa suave, crudo, azul de agua, melocotón,… eran los nuevos colores de la moda. La mayoría de las faldas llevaban incorporada una larga cola, con la que se barría el suelo, indicando que sus portadoras podían permitirse emplear sirvientes de limpieza de la ropa, tan pronto como se ensuciaban. Estos vestidos con cola, no eran en absoluto prácticos, pero continuaron usándose como ropa de calle hasta 1908.

Durante el siglo XX el mundo cambia por completo, y la moda no fue ninguna excepción y evolucionó a la misma velocidad que lo hacía la sociedad e incluso en algunos aspectos fue capaz de adelantarse a ese cambio.

En 1900 en la Exposición Universal de París, se crea el llamado Pavillon de L`Elegance, en la que seleccionados por Jean Paquim, la creadora de los famosísimos vestidos imperio y del abrigo quimono, y cuya carrera se vio ensombrecida por el hecho de ser mujer, presentan sus prendas los más importantes modistos de la época, entre los que se encontraba Doucet -del que hoy por hoy sus vestidos no son recordados pero su nombre nunca se olvidará porque fue el descubridor de los diseñadores que cambiaron la moda de estos años: Paul Poiret y Madeleine Vionnet- y Worth, un inglés que revolucionó el mundo de la moda al firmar sus prendas como hacían los pintores, y para el que se creó el término “Alta Costura” para designar el lujo y el detalle de sus modelos.

Estos son los años de la “Belle Epoque”, de la silueta en S que se conseguía con rígidos  corsés que estrechaban la cintura al tiempo que destacaban pechos y caderas, y que destacaban especialmente  con faldas hasta el suelo que se ensanchaban creando una silueta sirena. La silueta femenina refleja ahora la ligereza del ambiente, e influenciada por las sinuosas formas orgánicas del modernismo, crea un perfil en S, con un pecho saliente y generoso y un abultamiento trasero muy marcado.

La creciente mecanización populariza el uso de encajes a máquina y los vestidos se llenan de mallas, caldos, lazos y flores. Los diseñadores y modistos apuestan con descaro por la innovación y la moda evoluciona a gran velocidad. El interés se pone en las técnicas de plegado asimétrico.  Las ballenas y los corsés se usan menos y sirven más para conformar la figura que para modificarla. Se ponen de moda los trajes, con chaqueta o blusa y falda, durante el día, y los vestidos largos y atrevidos por la noche.

Caracterizan la nueva silueta:

  • Los corsés aflojados, que permiten la libre respiración y muestran las formas más naturales del cuerpo.
  • El pecho queda indefinido a causa de las piezas que caen desde los hombros, frecuentemente hasta por debajo de la cintura.
  • La nueva libertad permite lucir un pecho más alto.
  • Cascada de encajes y ropas «ultra-femeninas» que son un instrumento de sex-appeal-
  • El cuello entrecortado, con ballenas, tiende a desaparecer, y le sustituye el escote, a veces cuadrado, otras en forma de V, incluso en los vestidos de calle.
  • Los textiles son más suaves o ligeros para conseguir el aspecto vaporoso que impone la moda.
  • Como adornos, además de los encajes citados, se utilizan «apiques», incrustaciones, cuentas y lentejuelas. Estos añadidos tienden a erradicar la necesidad de joyería que, en gran medida, dejó de utilizarse como complemento.
  • Un complemento que aparece indispensable es el sombrero, con grandes adornos, incluso algunos con pájaros disecados, lo que llevó a algunas especies aquedar en peligro de extinción.

En definitiva, lo más representativo de esta década de principios de siglo, es el abandono del corsé, lo que libraría a la mujer cambiando por completo su relación con su propio cuerpo y con la moda, con vestidos bien estructurados y con magníficos detalles que dejan aflorar las formas naturales.

En 1907, la nueva tendencia es llevar el vestido de una sola pieza, y y no construido en dos o más piezas separadas como era usual hasta entonces. Se va produciendo un cambio gradual desde la silueta en S a una más estilizada y estrecha que se impone en 1910. A veces el talle sube casi hasta el del estilo imperio, y la falda se estrecha y cae recta, llegando a ser en los años 1911 y 1912 de forma tubular. La cola desaparece totalmente, excepto en algunos vestidos de noche.

Fue Paul Poiret, en 1903, quién por primera vez creó una prenda para la que no se requería el uso del corsé: el abrigo «Confucio» de líneas orientales, corte recto y línea holgada. En 1906 creó el estilo «helénico», sin corsé y con la cintura alta. Era la primera vez en quinientos años que se liberaba a la mujer del uso de esa prenda que apretaba la cintura. Este modisto consiguió lo que no habían logrado antes feministas, sufragistas, ni médicos. Los pre-rafaelistas habían propuesto ya, sin éxito, un vestido simple inspirado en las técnicas griegas, que hacía innecesario el corsé. Pero todos estos intentos no acababan todavía con la incómoda prenda. Habrá que esperar el fin de la Gran Guerra para que el corsé sea desterrado definitivamente, si bien le sucede entonces la faja, no tanto para modelar la figura como para evitar las carnes.

La llegada de un nuevo estilo, no fue exclusiva de Francia. Un español afincado en Venecia, MARIANO FORTUNY, hijo del famoso pintor catalán, se inspiró también en las líneas griegas para crear un vestido clásico al que llamó «Delphos». Con él, a base de plisados insuperables, moldeaba suavemente el cuerpo femenino. La decoración se conseguía con el movimiento que hacía brillar y cambiar las tonalidades  del vestido. El tejido era también de su creación. Elegía colores en gamas suaves y delicadas. Para los estampados seguía un procedimiento de estarcido,  inspirado en los tejidos japoneses. Los temas solían ser vegetales y florales, inspirados en los motivos cretenses.

También, en el imperio Austriaco aparecieron, en 1903, los Talleres Nuevos  que buscaban armonizar todos los conceptos de las personas. En 1911 e crea un sección de moda que confeccionaba vestidos con el objeto de lograr «una armónica disposición de ánimo». En parte debido al diseño de las telas, realizadas por grandes artistas, como el pintor australiano Gustav Klimt, estas prendas alcanzaron fama internacional.

En 1908, la silueta se convierte en mucho más recta, sin marcar tanto la cintura. Cambió radicalmente la ropa interior; se dejó de usar el corsé, a cambio del sujetador, las faldas se estrechaban tanto en los vuelos que casi no dejaban andar, los sombreros eran muy anchos, la silueta era un triangulo invertido, haciendo surgir el escote en V.

Los años que preceden a las revoluciones son en ocasiones tan interesantes como los que cambian la historia. Y aunque el mayor cambio en la primera mitad del siglo XX, se produjo en los años veinte, la década anterior puso las bases que harían posible que la moda entras en la verdadera modernidad y la libertad de la mujer, en todos los aspectos, pasaba a ser la verdadera protagonista.

En 1910, la silueta de la mujer se hizo completamente lisa por la parte superior, de forma que el look unisex o andrógino se generaliza, Se eliminan completamente la falda larga de la década anterior y la sobrefalda que se llevaba sola, pierde su vuelo. Usaban vestidos enteros con flecos y bolsitas pequeñas. Se acortaron las prendas por encima del tobillo, y la década acaba con el corte de pelo “Eton”.

La década comienza fuertemente influenciada por los “Ballets Rusos" que recorrían los escenarios europeos. Los colores llamativos y el orientalismo, reemplazaron la hegemonía de los tonos pastel y de la falda larga. Bailarinas como la sensual Isidora Duncan y la enigmática Mata Hari , se transformaron en iconos de belleza seguidas mundialmente.

Gracias a la nueva moda las mujeres se atreven a desafiar los sólidos principios morales que las ataban y comenzaron a mostrar su cuerpo, lo que por supuesto no fue posible sin escándalo eclesiástico y machistas de por medio. Los cuellos “hasta las orejas” dieron paso al escote en V y las faldas se acortaron levemente, dejando al descubierto los tobillos, cosa que también causó estupor en la época.

Como había sucedido a finales del siglo XIX, también aparece ahora una influencia oriental, esta vez venida de Rusia, tras el éxito de los ballets a partir de 1909. En 1911, Poiret celebra un baile de disfraces, al que llamó «la noche 1002», en la que presentó una colección inspirada en el arte indio, chino y otros países orientales.

Muy importante para la difusión internacional de la moda es el hecho de que vayan apareciendo nuevas revistas de moda. A las que ya existían en Estados Unidos, Vogue y Harper`s Bazaar, se van sumando las francesas, entre las cuales es de destacar la Gazette de Bon Ton, de París.

En vísperas de la Guerra Mundial la mujer buscaba ya nuevas formas de vida, y el supuesto sentido práctico de la moda del hombre parecía un modelo a seguir, particularmente el llamado «traje sastre», que supuso un principio del modelo unisex.

Por todo el mundo se extendió un movimiento formado por médicos pedagogos, sociólogos, artistas,… que buscaban reformar radicalmente el vestido femenino para tratar de compaginar la estética de la comodidad y la salud.  Se crearon vestidos tipo saco, ascético casi, que no lograron imponerse de momento. Habría que esperar a las nuevas condiciones sociales de la postguerra para verlos renacer.

No se habla ahora, sin embargo, de reformar la moda masculina, que ya había sufrido profundos cambios en tiempos de la Revolución Francesa. Únicamente algunas personalidades aisladas buscaron la liberación del hombre, como es el caso de Gustav Klimt.

En 1914, llegó la primera guerra mundial que terminó por completo con la farándula y el lujo de la moda francesa e inglesa, en donde se encontraban las grandes casas de alta costura. Una vez finalizado el conflicto, en 1918, la falda campana dio paso a los cortes rectos “tipo tubo”. El tan utilizado corsé, cambió de estrategia, ya que si antes se había utilizado para levantar el busto, ahora lo hacían para disimularlo. El “corsé alisador”, lo que hoy llamamos sujetador, y los vestidos acinturados en la cadera, dibujaron el nuevo tipo de belleza y de mujer, las cuales buscaban más parecerse a los muchachos que a las antiguas beldades femeninas. Así surgió la mujer «garzonne», la cual, para buscar aún más el parecido con los hombres, se cortó el pelo y se perfiló las cejas, y comenzó a salir a bailar. Ahora hasta estaba bien visto ser amiga, o parecerse a las cortesanas de “vida alegre”.

España: Principios del siglo XX.

España entró en el siglo XX arrastrando el desastre del 98, las pérdidas de las últimas colonias. Enfrentados a la escasez y el atraso, la depresión nacional se prolongó. Sólo la burguesía catalana, donde se centraba la industria textil española, y la vasca, estimulaban con su demanda las artes decorativas claramente encuadradas en el movimiento modernista. En lo referente a la moda, habrá que esperar a los años treinta, con el resplandor de Balenciaga, para que España figure en el marco de la Alta Costura. Mientras tanto, las señoras elegantes se compraban la ropa fuera de España ó simplemente la hacían copiar a las costureras. La silueta de la mujer flor, de Doucet, y el estilo de gasas superpuestas con escotes cuadrados, de Lanvín, fueron favoritas entre las escasas clientes de la época.

En 1914, Madame Paquin, couturiere parisina, de prestigio internacional, abrió una casa en Madrid, e impuso los trajes de chaqueta simplificados para las mujeres que vivían en lo que ella llamaba «la civilización del metro». En 1945, una década después de su muerte, un español, Antonio Cánovas del Castillo,(1908-1989) tomó la dirección estética de la casa y acentuó el carácter hispano que la marca había ido adquiriendo, toda vez que ya desde Agosto del 1936, otra española, Ana de Porbo, había dirigido la prestigiosa casa parisina.

Por lo demás, conviene repasar también la huella que en la época y la cultura española dejaron notables visitantes o vecinos, como el matrimonio formado por los artistas Robert y Sonia Delauny, que vivieron en España desde 1917 a 1919. Sonia abrió aquí una boutique y se convirtió en la decoradora más apreciada en la aristocracia española.

Modistos Destacados

PAUL POIRET:

El hombre que liberó a la mujer del corsé aprendió el oficio de los grandes de la época DOUCET y WORTH.

Creó el vestido “La Vague”, entallado en el pecho y recto hasta los pie, que favorece el tipo de mujer que a él le gustaba, como su mujer Denise. También fue el impulsor de las medias transparentes que crearon la ilusión de unas piernas desnudas, algo revolucionario para la moral de la época.

Peo su decadencia comenzó, cuando tuvo que luchar en la I Guerra Mundial y al volver del frente no supo adaptarse a lo que deseaban las mujeres del momento, lo que le llevó a la ruina en pocos años.

MARIANO FORTUNY.

Muchos de la época no lo consideraban un autentico diseñador, aunque ahora es de justicia considerarle uno de los grandes.

Y es que  el granadino Fortuny, es el inventor del vestido que marcó la década: el Delfos. Creado en 1907, y patentado en 1909, se inspira en modelos griegos, y es de una sencillez extrema, la tela plisada cae desde los hombros hasta los pies, sin costuras ni rellenos de ningún tipo. Y por supuesto sin corsé.

Su otra prenda mítica es el chal Knossos, una pieza de seda plisada con un método secreto que a día de hoy, no se ha conseguido descifrar.

JEANNE LANVIN.

La historia de Jeanne Lanvin es la típica de la época: Una chica de los recados, luego costurera, después modista y con 18 años, montó su primera sombrerería. Sí, porque comienza con sólo 13 años. Pero no fue hasta que tuvo a su hija Margarite, cuando su carrera dio un vuelco al empezar a diseñar para niños en 1903, y cambiar la paleta de colores habitual por una mucho más alegre, entre los que destaca el azul Lanvín. El éxito es arrollador y la lleva a crear una línea para mujer en 1909 y algo completamente revolucionario para la época: Una línea joven, pero siempre manteniendo un estilo muy femenino.

También fue la primera casa, en 1962, en crear una línea específica para el hombre. Sus prendas estrella serán las llamadas “ Robes de Style”, vestido hasta los tobillos en tejidos vaporosas    que se ajustaban a la parte superior del cuerpo, prenda que continua siendo la marca de la casa. Y es que tras pasar por muchas vicisitudes, Lanvín es la única marca de las nombradas de esta época, que sobrevive. Y es que 100 años, son muchos años.

MADELEINE VIONET.

Es muy fácil poner la etiqueta de pionero y no todos los que han sido cualificados como tales lo han sido. Pero ese no es el caso de Madeleine Vionet. Lo fue en muchísimos campos, tras crear en 1912 su casa de alta costura, tras abandonar la de Doucet, marca a la que había llegado con el encargo de rejuvenecerla: Fue la primera en utilizar el «corte al bies», en todo un vestido, que suponía utilizar más tela pero también cambiar por completo la caída de la prenda, yen intentar disimular y esconder las costuras de las prendas, fue la primera en preocuparse de que le copiaran sus creaciones y realizaba un registro de tres fotografías (de frente, de perfil y de espalda), de todas sus creaciones para llevarlas a la Oficina de Patentes, creaba sus modelos en un figurín de 80 cms.  de altura para que sus clientas pudiesen ver cómo sería el acabado de la prenda.

Es la primera diseñadora en utilizar conceptos matemáticos y arquitectónicos, ya que para ella lo más importante era la preparación, y también abrió camino a los tejidos sintéticos al utilizar un crespón compuesto de seda y acetato que su proveedor de telas fabricó en exclusiva para ella.

Pero también innovó en algo tan controvertido hoy en día como los derechos de sus empleadas, dándole unas condiciones laborales dignas, vacaciones pagadas y seguro de enfermedad mucho antes de que fueren obligatorios.

Aunque su principal aportación fue la de poner las bases para la producción en cadena de su ropa, que más tarde se convertiría en el «prêt-a-poter», y sin el que hoy no se entendería la moda. Su influencia en las posteriores generaciones de diseñadores ha sido continua y probablemente no desaparecerá jamás.

JEAN PATOU.

Nació en París en el año 1887, trabajó un tiempo con su padre, pero se decantó por empezar con un tío peletero que le enseñó la profesión y le descubrió el mundo de la moda. Su salto a la fama vendría de dos campos todavía sin explotar: la ropa sport y el unir el nombre de una marca de ropa a celebridades.

Algo que hizo fundamentalmente con Suzanne Langlen, una jugadora de tenis francesa que fue la primera estrella femenina de ese deporte y que además de hacerse famosa por sus victorias, también lo hizo por aparecer en la pista de Wimbledon con un vestido de punto que dejaba ver sus brazos y sus piernas (a diferencia de otras jugadoras que iban tapadas de pies a cabeza).

El uso del punto abrió el camino a COCO CHANEL y fue el primero en diseñar corbatas de “diseñador”. Se le considera el creador del «Cardigan», se dejó influenciar en su trabajo por movimientos artísticos como el cubismo, desarrolló nuevos tejidos para los trajes de baño y creó líneas exclusivas para la práctica del deporte.

Incluso algunos le atribuyeron la creación de la estética “Flapper” que sería icónico en los años veinte. Era un absoluto pionero. 

Modistos destacados

ARNOLD CONSTABLE